Os voy a poner el caso en el que un rey pedía asesoramiento filosófico:
Tras conquistar Atenas, Alejandro Magno
quiso ir a visitar a Diógenes; no es de extrañar la admiración de Alejandro por los filósofos,
pues él mismo tuvo como tutor a Aristóteles.
Así que un día en que el filósofo estaba
acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él.
Diógenes se percató también de la
presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que,
efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo.
El joven se dio y pronunció:
- "Mi nombre es Alejandro El
Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis
-"Yo soy Diógenes el perro”
A Diógenes no parecía importarle quien era, o quizá no lo
sabía. El emperador recuperó el turno:
- "He oído de ti Diógenes, de
quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me
encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la
vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar
que tu discurso me fascina".
Diógenes parecía no poner atención en lo
le comunicaba.
- “Quería demostrarte mi
admiración", dijo el emperador. Y continuó: "Pídeme lo que tú
quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre
más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar".
- “Por supuesto. Querría pedirte que te apartes del sol y es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”
Más tarde Alejandro comentó a sus
generales: "Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes".
A parte de este caso, hay otros muchos:
- Alejandro Magno y Aristóteles (ya mencionado).
- Marco Aurelio y un filósofo estoico
- La Reina Cristina de Suecia y Descartes el cual fue llamado a la corte a las 4 o 5 de la mañana haciendo que de esta forma Descartes enfermase rápido y muriese por una pulmonía.
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